jueves, 25 de febrero de 2010

Democracia que supimos conseguir

Democracia que supimos conseguir

 

Lic. Ricardo Romero

Politólogo UBA/UNSAM

Centro de Cultura y Debate Socialista

 

La democracia argentina generalmente es criticada por una corriente hegemónica de la ciencia política que la analiza bajo patrones del funcionamiento institucional de repúblicas como la norteamericana, por lo cual, sus vicisitudes son atribuidas por una pobre explicación, incluso discriminatoria, a los rasgos religiosos y culturales de la
región, sin ver la injerencia externa podría ser una variable decisiva.


            Si bien las experiencias de los países centrales muestran los mismos vaivenes que las democracias latino americanas, sufrieron regímenes genocidas como el nazismo y el fascismo, y algunos de larga data como la España de Franco y la Portugal de Salazar. Y si bien EEUU no conoce el concepto de golpe de Estado dirimió sus conflictos internos con el asesinato de tres de sus presidentes, por el cual, es ideológicos pretender que la democracia argentina siga el sendero de estas repúblicas.

 

Por el contrario, el derrotero del proyecto democrático impulsado por Moreno desde la Revolución de Mayo, siguió las tendencias de Latinoamérica. Que rompió el yugo del periodo colonial, constituyó Estados Nacionales a través de regímenes conservadores, se ampliaron los derechos con el avance republicano del reformismo y la irrupción de gobiernos populistas que iban más allá de los intereses de las clases dominantes. Justamente, esta configuración contradictoria provoco el enfrentamiento de bloques hegemónico derivaría en una dictadura genocida.

 

La reconstrucción democrática tiene esta base histórica material, por lo cual necesariamente son variables a comprender. De hecho, lo interesante de esta nueva fase es que los conflictos se canalizaron institucionalmente, y hoy el juego parece activas los componentes de la república. Sin embargo, aun faltan marcos de acuerdos políticos del funcionamiento institucional, que evite ese juego casi caprichoso donde la oposición desplaza de las comisiones parlamentarias al oficialismo, por un voto!, y que circunstancialmente el oficialismo lo evita.

 

Quizás podríamos reforzar prácticas latinoamericanas como los acuerdos de oficialismo y oposición de Uruguay, o el esquema de presidencialismo de coalición de Brasil. Incluso, seria interesante reforzar las experiencias participativas autóctonas como el presupuesto participativo, y las de democracia semidirecta. En este breve análisis de la democracia argentina podemos ver que nuestro juego político se centra en los pactos institucionales que costosamente se van construyendo, y que necesariamente tenemos que tomarnos el tiempo de reflexionar bajo propias cosmovisiones que nos permita darnos nuestra propia forma de gobernar. Seamos libres, lo demás no importa nada.

 

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