lunes, 2 de noviembre de 2015

El arte de la victoria.

Página/12
Opinión

El arte de la victoria

Ricardo Romero *
La cruda realidad obliga a encarar una nueva etapa después de la elección del 25 de octubre. Si el primer paso fue afrontarla con el optimismo de la voluntad, ahora es necesario abordar la situación con el pesimismo de la razón. El Frente para la Victoria enfrenta a un candidato asesorado por alguien que lo pone como el paladín de la concordia, cuando en sus acciones se inspira en un clásico de la guerra y lo fundamenta en su libro El arte de ganar. El apotegma de Sun Tzu se centraba en que la guerra es el arte del engaño, y este personaje parece comprenderlo muy bien.
Así, centra su discurso en ocultar su debilidad y actuar sobre la fortaleza del otro, cuando se camufla de peronismo y defiende lo público, a sabiendas que su acción busca lo contrario. Más aún, convierte en fortaleza una debilidad, por ejemplo, cuando expone sus casos de corrupción y los presenta como una campaña malévola del enemigo. Incluso, siguiendo un consejo del guerrero, cuando decía “si tu enemigo es colérico: provócalo”, lo acusa de ser hostil.
Por eso, lo mejor en esta etapa es la serenidad, pensar el escenario, construir un “arte de la victoria” propio. Como primer paso, cabe alertar que ya no hace falta reforzar la defensa del modelo, es claro que se contrapone con el macrismo y los votantes “leales” dieron su apoyo en la primera vuelta electoral. Ahora es necesario sumar apoyos, convencer para lograr la victoria.
El FpV podría obtener algunos puntos de los seguidores del puntano Rodríguez Saá o de quienes no acepten el llamado a votar en blanco troskista, e incluso podría recibir apoyos de algunos progresistas. Sin embargo, con eso no alcanza, lo decisivo está en el massismo. Y con esa tarea el oficialismo tiene viento en contra, más porque el referente de ese espacio vocifera antikirchnerismo sistemático.
En definitiva, no hace falta ser politólogo para darse cuenta de que la contienda está en convencer votantes del massismo, y sin duda no alcanza con apelar al peronismo massista, porque ya lo hace Macri. Es un gran error centrarse en buscar que ellos acepten este modelo, contra el regreso del neoliberalismo. Quienes apoyamos al oficialismo debemos esforzarnos por construir hegemonía, o sea, lograr que en nuestro modelo también estén incluidos los núcleos centrales de sus propuestas. Esta es una reflexión necesaria, que seguramente estarán haciendo los equipos de campaña, tanto propios como adversarios, y que implicará ver en las percepciones y preferencias del voto massista ejes de seducción para que con su voto terminen definiendo el futuro próximo de nuestro país.

* Politólogo.

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