domingo, 2 de junio de 2013

De qué hablamos cuando hablamos de socialismo

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De qué hablamos cuando hablamos de socialismo

Año 6. Edición número 263. Domingo 2 de junio de 2013
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Foro de San Pablo. Los rumores de expulsión del Partido Socialista. Las idas y vueltas de Hermes Binner. El rol de la UCR ante las políticas del Frente Amplio uruguayo y el PT brasileño.
Durante la semana, circuló en los medios y redes sociales que habían expulsado al Partido Socialista del Foro de San Pablo. Muchos se sintieron sorprendidos por la noticia, porque cualquiera que conozca el funcionamiento de ese espacio sabe que es muy difícil la exclusión de una fuerza política del mismo. Sin embargo, el más desconcertado fue Hermes Binner, que desconocía por completo la participación del PS en este ámbito. Es que la ignorancia del espacio de izquierda latinoamericana por parte del líder del Frente Amplio Progresista muestra su perfil conservador, que se siente más cómodo en la Internacional Socialista, codeándose con la socialdemocracia europea, que con las expresiones populares del continente, y termina apoyando a las fuerzas reaccionarias de la región. De hecho, el Partido Socialista hereda la participación en el Foro de San Pablo a partir de la unificación del PS Democrático y el PS Popular, donde la primera corriente de las que formaba parte Alfredo Bravo (fallecido hace diez años), junto a Oscar González y Jorge Rivas, eran los que tenían la participación en este espacio. En tanto que el Popular, de donde proviene Hermes Binner, sostenía más la membresía en la Internacional Socialista, lo que implicaba fortalecer lazos con partidos socialdemócratas en la región, privilegiando alianzas con la Unión Cívica Radical (que increíblemente forma parte de la IS) o en Brasil con el viejo laborismo varguista-brizolista del Partido Democrático Trabalhista en vez de una relación con el Partido dos Trabalhadores. Así, la proyección nacional de Hermes Binner entró en tensión con las dinámicas populares del continente y las políticas que despliega el gobierno nacional desde 2003. Es que este socialismo, surgido del movimiento estudiantil, ganó la ciudad de Rosario casi como un error histórico, tras la renuncia de Usandizaga, combinado con la fragmentación del escenario político. Así, el PSP lograba la intendencia en una de las principales ciudades del país en 1989, en el mismo año en que el PT obtenía Porto Alegre y el Frente Amplio Montevideo. Sin embargo, esta versión autóctona del socialismo, fundada por Guillermo Estévez Boero, nunca tuvo la dinámica de sus pares latinoamericanos. Por eso la ambivalencia de Hermes Binner que por la mañana decía “yo desconozco si el Partido Socialista participó del Foro” y por la tarde sostenía que “estamos en el Foro de San Pablo desde su fundación y nos sentimos plenamente partícipes de él”. Una ambivalencia que choca con el conservadurismo que tienen sus aliados, especialmente los radicales como Morales y Sanz, que critican fuertemente las experiencias populares de América Latina. De hecho, mientras éstos arengaron contra Hugo Chávez, y ahora contra Nicolás Maduro, Evo Morales o Rafael Correa; el gobierno argentino articula las relaciones con esos movimientos, algo que se vio plasmado con la realización de la XVII edición del Foro de San Pablo en Buenos Aires en 2010, que contó con la participación del ex presidente Néstor Kirchner. Es que este espacio logró congregar una diversidad de visiones y articulaciones del campo de la izquierda latinoamericana. Surgido en pleno derrumbe del campo comunista, en San Pablo en 1990, se propuso no resignarse al devenir neoliberal. Incluso, ya en su reunión en Montevideo en 1995, los partidos se pensaron como alternativas reales a los gobiernos privatistas de la región, logrando a principios de siglo alcanzar la presidencia en la mayoría de los países latinoamericanos. A lo largo de su existencia recorrió el continente, pasó por Ciudad de México (1991-1998-2009), Managua (1992-2000-2011), La Habana (1993-2001), Montevideo (1995-2008), San Salvador (1996-2007), Porto Alegre (1997), Guatemala (2002), Quito (2003), San Pablo (1990-2005), Buenos Aires (2010), Caracas (2012) y el próximo será en San Pablo, desde el día 31 de julio al 4 de agosto de este año. En el Foro de San Pablo, sus miembros tienen voz y voto, sin embargo también asisten partidos y movimientos sociales de izquierda de otras partes del mundo, como Europa, Asia y África, los cuales sólo tienen voz, pero no voto. Los partidos que la integran tienen una gran diversidad de visiones. De hecho, hay países con un solo representante, como Cuba con el Partido Comunista, Nicaragua con el Frente Sandinista de Liberación Nacional, El Salvador con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional o Panamá con el Partido del Pueblo de Panamá; así como países con varios miembros, como el mismo Brasil, donde participa el Partido dos Trabalhadores junto con el Partido Comunista Brasileño, el Partido Socialista Brasileño, el Partido Comunista do Brasil y el mismo Partido Democrático Trabalhista. Incluso participan los partidos que forman parte del gobierno, como el Frente Amplio en Uruguay, los partidos fusionados en el Partido Socialista Unificado de Venezuela, el Movimiento País y otros aliados en Ecuador, el Partido Comunista Boliviano y el Movimiento al Socialismo en Bolivia. En tanto que, en su mayoría, varios partidos de la Argentina participan de la coalición de gobierno tanto del ex presidente Néstor Kirchner como de la actual presidenta Cristina Fernández, en tanto que Libres del Sur y el Partido Socialista son férreos opositores. El Foro de San Pablo se desataca por ser un ámbito propio del socialismo latinoamericano, con un rol relevante en las experiencias de la región, diferenciado a las políticas de ajuste que hoy implementan los partidos de la Internacional Socialista en Europa. Este espacio se convirtió en un lugar de encuentro para reflexionar no sólo sobre los programas sino sobre las políticas concretas para recuperar los derechos que el diluvio neoliberal había dejado. Acciones como la asignación universal, la reorganización del espacio público, la redefinición del Estado, las propuestas participativas, la economía solidaria y el mismo latinoamericanismo, se constituyeron en la plataforma con que se redefinieron las alternativas latinoamericanas y se fortalecieron los proyectos populares. Con esta base, la izquierda latinoamericana encaró en el nuevo siglo el manejo de los Estados capitalistas latinoamericanos, afrontando las crisis internas e incluso sobrellevando los impactos globales. En ese contexto, los gobiernos populares lograron desendeudarse y acumular reservas, que le permitieron afrontar un panorama internacional donde sus primos políticos aplican políticas de ajuste en el viejo continente. Además, la misma lógica latinoamericanista los hace confluir en aunar esfuerzos en el continente para articular modelos de desarrollo alternativos, como la convergencia en la Celac contrapuesta al panamericanismo de los Estados Unidos del perimido ALCA. Y se sostienen en la plena vigencia de la democracia, como lo demostró la acción conjunta de los países en el ámbito de la Unasur, especialmente en el intento de golpe de Estado contra Rafael Correa o la suspensión de derechos de Paraguay, tras la destitución de Fernando Lugo. Si bien el socialismo latinoamericano tiene aún el desafío de repensar mecanismos de gobierno a escala nacional, profundizando modelos de presupuesto participativo, a fin de fortalecer la democracia del continente, o incorporar en agenda temas profundos como los recursos naturales, desde la minería en la zona andina, así como el agua en el Amazonas y el Plata; lo cierto es que encuentra en el Foro de San Pablo un espacio de deliberación que les permite articular políticas e incluso solucionar conflictos en paz, como lo sucedido entre Colombia y Venezuela, por intermediación de la Unasur. Por esta razón, el Foro de San Pablo sin dudas se ha convertido en la voz de los gobiernos populares latinoamericanos, que en sus 23 años de existencia no sólo reivindica las utopías y sueños de Alfredo Palacios, Carlos Prestes, Zelmar Michelini, Salvador Allende, Eva Perón, Ernesto Che Guevara o Schafic Handal, entre otros referentes del continente, sino que además avanza en la construcción concreta de una sociedad más justa e igualitaria.

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  • En las elecciones de octubre en Brasil se enfrentarán dos grandes coaliciones, la que impulsa a Dilma –donde tenemos al PT acompañado por el incondicional PCdB (Partido Comunista do Brasil), junto al varguismo del PDT (Partido Democrático Trabalhista) y al estratégico PMdB (Partido do Movimiento Democrático Brasileiro)–, que enfrenta a Serra –que lo sostiene el PSdB secundado por su condicional aliado Demócratas, otra rama varguista expresada por el PTB (Partido Trabalhista Brasileiro) y el PPS (Partido Popular Socialista –ex Partido Comunista Brasileño–).
  • ¿Hasta qué punto el ideario histórico del radicalismo puede representar a sectores importantes de la sociedad argentina de hoy?
  • La derecha latinoamericana pasa por el peor momento de su historia. Se trata de una situación que va en paralelo con la expansión –no habida hasta ahora– de una mayoría de gobiernos progresistas en la región y de aislamiento de Estados Unidos en el continente.
  • Diez años después de su primera edición, el Foro Social Mundial (FSM) vuelve a África, en un escenario mundial muy diferente al de 2001. En ese entonces la hegemonía del modelo neoliberal aún era grande, la economía mundial no había entrado en crisis y, principalmente, América latina aún estaba dominada por gobiernos neoliberales, con excepción de Venezuela y Cuba.

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Ricardo Romero

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