martes, 8 de febrero de 2011

Reflexiones sobre Binner y el socialismo. Por Ricardo Romero

¿Hacia dónde va el Partido Socialista?

Reflexiones sobre Binner y el socialismo

Publicado el 8 de Febrero de 2011



La proyección nacional de Binner entra en tensión con el conservadurismo de sus aliados radicales y las políticas progresistas que se despliegan a nivel nacional desde 2003.
  Casi como un error histórico, en 1989 el socialismo ganaba la ciudad de Rosario en plena caída del Muro de Berlín. Si bien no fue algo inédito, también el PT obtenía Porto Alegre y el Frente Amplio se consagraba en Montevideo. Sin embargo, esta versión socialista autóctona, fundada por Guillermo Estévez Boero, no llegaba con la dinámica de sus pares latinoamericanos. Por el contrario, la súbita renuncia del intendente radical Usandizaga, combinada con la fragmentación del escenario político, permitió la victoria del PSP en una de las principales ciudades del país.
De todos modos, Rosario fue punta de iceberg para las prácticas que se impulsaban en Latinoamérica. Esta experiencia de gestión aportó mucho más que el estilo clásico del socialismo argentino (manos limpias y uñas cortas). Desarrolló un proceso de gestión transparente, con descentralización y prácticas de planificación participativa en áreas estratégicas como salud, educación y hábitat. Luego de dos décadas de administración, se pueden observar resultados reconocidos, tanto a nivel nacional como internacional.
Y si bien el socialismo rosarino pasó un cimbronazo, cuando el primer intendente (Héctor Caballero) se sumó a los lemas del peronismo para ganar la gobernación, la militancia, especialmente universitaria en ese momento, trabajó para consagrar a Hermes Binner como nuevo jefe comunal. Fue a partir de su gestión donde se terminó de delinear una forma de gobierno que proyectó al socialismo hacia la gobernación de Santa Fe. En 2003, el sistema electoral y las triquiñuelas de Reutemann lo impidieron, pero en 2007 lo logró.
La crisis de 2001 incentivó a los socialistas santafesinos a converger en un único partido, proponiéndose como alternativa a la fragmentación de los tradicionales. Sin embargo, excluyeron al socialismo auténtico, y luego se cerraron a una lógica provincial, interviniendo sobre el resto de los distritos. Y es que la proyección nacional de Binner entra en tensión con el conservadurismo de sus aliados radicales y las políticas progresistas que se despliegan a nivel nacional desde 2003.
De hecho, del programa que el flamante Partido Socialista unificado llevó en la elección presidencial de 2003, el gobierno de Néstor Kirchner implementó el 80%. Es más, la reinserción latinoamericanista que proclamaba el socialismo se acerca más a la política exterior del actual gobierno nacional, que se plasma con la presencia del ex presidente en el Foro de San Pablo, que a las reaccionarias críticas que hacen Morales y Sanz a líderes latinoamericanos como Chávez o Evo.
Este cuadro político lo percibió un sector del PS, encabezado por Jorge Rivas, quié en ocupó la vicejefatura de gabinete hasta su accidente. Actualmente desde el Parlamento, con Ariel Basteiro, y en la Secretaría de Relaciones Parlamentarias, con Oscar González, este sector acompaña los programas y reformas progresistas. Sin embargo, la burocrática política de la conducción, encabezada por Rubén Giustianiani, toma al PS como una franquicia e impide, con intervenciones y manipulación, la expresión de disidencias internas. De hecho, niega la condición de socialista a Rivas, cuando es miembro del Comité Nacional, o expulsa a compañeros como González y Basteiro.
Y no se trata de pedir que el socialismo devenga en oficialismo, pero sí de cuestionar un esquemático antikichnerismo que lo lleva a jugar con los sectores conservadores, como con la 125 o en el acuerdo de comisiones con el Grupo A. De hecho, la constante agenda progresista que planteó el gobierno obligó al socialismo a posicionarse a favor en temas como la Ley de Medios, la reestatización de las AFJP, la AHU o el matrimonio igualitario. Incluso, si se analiza el coeficiente de coincidencias en las votaciones, entre el bloque oficialista y el socialista alcanza el 60%.
Estas contradicciones se expresan al interior del partido. En 2009, el PS tuvo diferentes estrategias electorales en cada distrito. En Santa Fe obtuvo una clara victoria en un frente, contrapuesto a la magra elección en la Ciudad de Buenos Aires, donde fue solo. En la provincia de Buenos Aires se intervino el partido para ir con el radicalismo, o en La Rioja fue en un frente de izquierda, sólo para citar los variados caminos del PS. Es claro que se necesita un profundo debate interno en el socialismo, porque cuando defiende los ropajes republicanos termina aliado al radicalismo, votando con los sectores conservadores, mientras que cuando propicia derechos sociales y democráticos, tendencialmente converge con el gobierno.
Y Hermes Binner, que supo mantener una independencia de criterio en la gobernación de Santa Fe (cabe recordar que el FPV le votó el Presupuesto), podía generar una propuesta alternativa que condujera al socialismo como constructor de un bloque de centroizquierda, que en vez de obstruir por obstruir, condicionara hacia el avance de conquistas sociales. Sin embargo, el compañero Binner dejó el armado nacional a Giustiniani y prescindió de construcciones federales en el país. Esta política se le vuelve en contra en las próximas elecciones provinciales.
Ante la ausencia de reelección, Giustiniani enviste por el cargo a gobernador y Binner, en vez de apuntalar a Miguel Lifschitz (actual intendente de Rosario), apuesta al leal y desconocido Miguel Bonfatti, su jefe de gobierno, centrando el punto en disputas personales y no programáticas. Si bien las elecciones internas de abril cerrarán el pleito, resulta imperioso para el socialismo debatir su rol en el escenario nacional. Reflexionar sobre este punto podría incentivar la discusión sobre las líneas de acción del socialismo, para que tenga la capacidad de generar transformaciones progresistas y no termine allanando el camino para la vuelta de un modelo excluyente. Esperemos que opte por este camino. <

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Ricardo Romero

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