jueves, 24 de febrero de 2011

Macri, entre la comedia y la tragedia


Elecciones 2011

Macri, entre la comedia y la tragedia

Publicado el 24 de Febrero de 2011



El intento de Macri de ser presidente parece la comedia de la proyección que tuvo el porteño Fernando de la Rúa. La buena gestión de Cristina, eclipsa el sueño de ponerse la banda celeste y blanca.
  La centralidad de la Ciudad Autónoma de Buenos en la política nacional puede observarse desde su fundación hasta la actualidad. Y como la historia se repite, una vez como tragedia y otra como farsa, el intento de Mauricio Macri de ser presidente, pareciese ser la comedia de la proyección que tuvo el porteño Fernando de la Rúa, que terminó como una triste gestión. Alcanzar la jefatura de la Ciudad, le permitió a De la Rúa instalarse casi como un gobernador más y lograr la primera magistratura. Mismo camino intenta seguir el actual mandatario porteño. Sin embargo, a diferencia del “aburrido”, Macri no ha logrado articular una propuesta nacional; además, sus tres años de gobierno mostraron más debilidades que fortalezas, que contrapuesto a la buena gestión nacional de Cristina Fernández, eclipsa el sueño del empresario de ponerse la banda celeste y blanca.
La gestión en la Ciudad que desplegó este empresario devenido en político, sentencia un gobierno de malos resultados. Esta magra administración, con estilos propios del señor Burns (o alcalde Diamante, como quiera el lector) se expresa en el maquillaje urbanístico y las licitaciones direccionadas (la mayoría judicializadas). Esta referencia a la Springfield de los Simpson no es causalidad, y es que Macri gestiona la Ciudad pensando que tiene a Homero como ciudadano (bajo los consejos de Durán Barba, solito no puede llegar a esa conclusión). Por suerte hay muchas Lisas (la niña inteligente), que se avivan del cuento de “Cacho”. Es más, a veces Macri parece el niño “yo no fui” (un Barth que no se hace cargo de sus travesuras) cuando se desliga de responsabilidades de gestión.
Lo insólito del des-hacer Buenos Aires de Macri es que salió de todo esquema del manual de la administración pública. Con el tercer presupuesto nacional, con el 95% de ingresos propios y una media de 8000 pesos anual per capita para gastos, es imposible gobernar mal, sin embargo, Macri lo hizo. Y es que trasladó su visión de conducción de un club de barrio al manejo del Estado, encima a confesión de parte lo publica en un libro. Y en ese esquema responde como presidente de una ONG o asociación comunitaria a problemáticas que necesitan diagnóstico, planificación y ejecución de planes de gobierno. Por lo que la gestión de Macri es una constante improvisación o pequeñas acciones mediáticas.
Sin embargo, hay un eje rector en la orientación de las políticas macristas que prioriza la ampliación de los negocios del poder y socava constantemente la ciudadanía, no ejecutando el presupuesto en derechos sociales y presentando la represión social como forma de enfrentar las demandas populares. Y esta concepción de gobierno se vio claramente en la situación de las tomas del Indoamericano y el Club Albariños, donde dejar que crezca el empobrecimiento, para comprar los terrenos de la zona sur a bajo precio y realizar un boom inmobiliario, es su política habitacional, un modelo como Puerto Madero, sin escuelas ni hospitales, pura renta edilicia.
Frente a la manifestación de esa política excluyente, su respuesta es represiva y xenófoba porque en vez de invertir en la formación de tecnologías para la construcción de vivienda social, envía a los agentes de su “metropicana” a tomar cursos en institutos propiciados por los Estados Unidos, casi como una evocación a la Escuela de las Américas, que instruyó a los peores genocidas de la historia latinoamericana. Además, desconoce derechos ciudadanos de personas que desarrollan actividades en la Ciudad, entre ellas, trabajar y consumir, o sea pagar impuestos como el IVA al comprar y cubrir los recursos estatales para tener el acceso a esos servicios.
Esta lógica represiva es acompañada por un impulsor de la candidatura a nivel nacional de Macri, el ex presidente Eduardo Duhalde, que tras una efímera pretensión presidencial, proponiéndose como el garante del orden, ahora concentra sus fichas en la articulación del jefe porteño, sabiendo que se parte de un peso electoral importante en la Ciudad. Sin embargo, esta propuesta tiene dificultades en el armado político, que no puede sumar la estructura del Peronismo Federal y la propuesta queda sólo como un almuerzo con Magnetto.
En su afán de proyectar sus políticas conservadoras, Macri busca sus expresiones provinciales, y en Santa Fe lo encontró en la candidatura de Miguel del Sel, un humorista que se pone muy serio cuando se lo interpela por sus visiones sociales, que parten de pensar el éxito en la pulcritud, el pelo corto y la correcta vestimenta; paradójico enfoque de un comediante que hace reir vestido de mujer, casi burlándose de quienes padecen fuertes discriminaciones por adoptar una identidad de género diferente a la asignada socialmente.
De cara a la elección, sería insólito elegir a alguien que subejecutó en educación, salud y vivienda. Una ciudadanía que le pida rendición de cuentas a sus gobernantes, no puede volver a votar a quien les prometió diez kilómetros de subte (¡por año!) y les dio diez de bicisendas. Sin embargo, Macri piensa ganar la Ciudad y competir por el gobierno nacional, su veleidad lo lleva a presentarse en la contienda presidencial. 
Esa encerrona deja abierta la posibilidad de nuevos aires en la polis. No es tarea sencilla porque para consolidar un cambio es necesario articular y converger desde la diversidad. Es un gran desafío priorizar el cambio y no caer en las mezquindades, para evitar no sólo el delirio presidencial de Macri sino también una penosa continuidad. Cabe reflexionar que la Argentina ya padeció el drama de tragarse el sapo De la Rúa. Ahora se trata de evitar una triste farsa. La Ciencia Política deja paso a la Política.

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Ricardo Romero

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