miércoles, 12 de enero de 2011

Una amplio convergencia para ganarle a Macri. Por Ricardo Romero


CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES

Una amplia convergencia para ganarle a Macri

Publicado el 12 de Enero de 2011



Un intento de hegemonización del peronismo o una mala articulación con sectores no kirchneristas, puede volver a fragmentar la centroizquierda, dejándole servido el centro a Mauricio para seguir destruyendo la ciudad.

Según dicen algunos allegados, en los meses previos a su muerte, Néstor Kirchner estaba delineando una estrategia para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Quizá comprendiendo lo decisivo que puede resultar el distrito para una elección presidencial. Y es que la CABA, con sus tres millones de habitantes, representa casi el 9% del padrón electoral; a su vez elige a más de una décima parte de los diputados y puede balancear el resultado final de una contienda nacional.
Para comprender este fenómeno, podemos citar la elección de 1999, donde De la Rúa evitó la segunda vuelta con el 48,37%; y fue en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires donde, con 600 mil votos de ventaja, sacó los tres puntos necesarios para consagrarse sin balottage. Esto no responsabiliza a la ciudadanía porteña del fiasco presidencial, sino que, en definitiva, muestra cómo el peso marginal de la CABA puede ser definitorio para una aspiración presidencial.
Esta ciudad pareciese estar destinada a tener posiciones disímiles al resto del país. Mientras los radicales ganaban elecciones presidenciales a principio del siglo XX, los socialistas tenían victorias en el distrito. Cuando el peronismo era hegemónico en la Nación, la ciudad se mostraba radical. Mientras el neoliberalismo arrasaba el país, las y los porteños lograban su autonomía, constituían la CABA y consagraban una coalición progresista de gobierno.
Generalmente, esto fastidia a quien gobierna a nivel nacional y pierde en la ciudad. De hecho, el innombrable al ver lo adverso del distrito, alguna vez pergeñó reducir el distrito federal a la vieja ciudad (Santa María de los Buenos Aires, que llegaba hasta Once) y desintegrar la CABA en municipios, volviéndola así a su forma previa a la federalización, reestableciendo la identidad municipal de Flores y Barrancas. De no creer, pero estaba en la plataforma que ganó en 1995.
Por suerte, este no era el camino que analizaba Kirchner. Por el contrario, intuía la necesidad de articular las diferentes fuerzas políticas, ampliando el Encuentro Popular para la Victoria, y lograr una expresión electoral que pueda ganar el difícil electorado porteño. La clave del distrito está en pensar sus clivajes sociales, regionales e ideológicos. La ciudad combina una fuerte concordancia social y geográfica, donde hay correlación de sectores bajos en el sur, medios en el centro y altos en el norte. Además, presenta un amplio centro ideológico, un progresismo que ve con simpatías la ampliación de derechos, pero se asusta cuando algún pobre reclama sus derechos.
Cuando se hegemoniza ese centro por izquierda, el resultado electoral es un gobierno "progresista". Sin embargo, cuando la centro izquierda se fragmenta y no logra ganar el centro, el resultado es un Erman González en 1993 o un Macri en 2007. Este efecto se refuerza con la eficacia que pueden tener las estructuras clientelísticas en el sur de la ciudad, que tiene un peso del 25% del padrón de la misma.
En definitiva, una estrategia adecuada para ganar la ciudad de Buenos Aires parte de: evitar la fragmentación del centro izquierda; disputar el centro político, en este caso a Macri; y generar una buena inserción en la política del sur de la ciudad. Armado complejo si los hay.
Y este efecto, Macri lo percibe bien. Articula en la zona sur con las redes punteriles de diputados como Ritondo; desarrolla políticas "progres", como las bicisendas de Barcelona; y tiene un discurso duro, como miel para los oídos del electorado conservador de la ciudad.
Incluso, aconsejado por un experto en Sun Tzu, como Jaime Durán, disputa la fortaleza de su enemigo. Por ejemplo, promete defender la educación y salud pública y, por el contrario, la desfinancia o prioriza a las y los porteños, en una actitud discriminatoria –total los bonaerenses o extranjeros no votan en la ciudad, piensa.
Sin embargo, su cara más aguda, es un modernismo conservador y mercantil, que combina lo peor de Cacciatore y Grosso, con cierta estirpe de la elite de los intendentes de 1910, que proyectaban la ciudad desde Pilar y Recoleta. Y es que su base de progreso son los negocios inmobiliarios, que destruye la arquitectura residencial e instala mega edificios, ejemplo de ello son Caballito o Barracas, a eso le llama: "Hacer Buenos Aires." Por eso resulta imperioso rehacer la ciudad.
Quizá la fuerte recuperación de la imagen positiva de Cristina, que ronda el 60%, y la intención de voto que estaría cerca del 30% en el distrito; sumados a la inserción territorial de las agrupaciones kirchneristas y la buena proyección de algunos candidatos transversales, darían una buena base para pensar una recuperación en este distrito.
Sin embargo, para ganarle a Macri hay que lograr una amplia convergencia. Un intento de hegemonización del peronismo, que impulsa tres candidatos, o una mala articulación con sectores no kirchneristas, puede volver a fragmentar la centroizquierda, dejándo servido el centro a Mauricio para seguir destruyendo la ciudad.
A su vez, sería interesante que tanto Lilita como Pino comprendan que su oposición al gobierno nacional no debe traducirse en allanarle el camino a Macri. Sería bueno que apuesten a la convergencia, más aun, cuando sus candidatos no superan los cinco puntos.
Para construir este amplio frente, hay que buscar metodologías democráticas de acuerdos programáticos y selección de candidatos. Reafirmar lineamientos que no repitan errores del pasado y, por el contrario, establezcan formas participativas de gestionar la ciudad. Ahora la ciencia política deja paso a la política.<

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